Cada vez más mujeres estadounidenses están tomando la difícil decisión de mudarse a México para mantenerse unidas a sus esposos deportados. Esta tendencia ha crecido desde que el gobierno de Donald Trump intensificó las detenciones migratorias tras iniciar su segundo mandato en enero de 2025.
Janie Hughes nunca imaginó que terminaría viviendo en México. La mañana del 23 de octubre, su esposo Alejandro Pérez salió rumbo al trabajo en St. Louis, Misuri, como cualquier otro día. Quince minutos después, la llamó para decirle que agentes de ICE lo estaban arrestando.
«Caí al suelo de rodillas llorando sin parar», recuerda Janie, de 29 años. Mientras la línea telefónica permanecía abierta, escuchó cómo los agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas ejecutaban la orden de arresto contra su marido.
Esa fue la última vez que Alejandro estuvo en su hogar estadounidense. Después de su deportación, Janie tomó una decisión radical: mudarse a México junto con sus dos hijas pequeñas, Luna y Lexie. «No hay nada más importante que estar juntos», dice, a pesar de no hablar español y enfrentar el reto de comenzar desde cero en un país desconocido.
La historia de los Pérez no es única. Otras parejas de estatus migratorio mixto están enfrentando decisiones similares ante el aumento de las deportaciones. Raegan Klein y su esposo Alfredo Linares optaron por mudarse voluntariamente a Puerto Vallarta para evitar el riesgo de una separación forzada.
«Si le pasaba algo, jamás podría perdonármelo», explica Klein desde su nuevo hogar en la costa mexicana. Para ella, la decisión de dejar Estados Unidos fue preventiva, eligiendo partir por voluntad propia antes que enfrentar una deportación sorpresiva.
Estas familias representan un fenómeno creciente: estadounidenses que renuncian a su vida en su país de origen para preservar la unidad familiar. Muchas de estas mujeres no hablan español y deben adaptarse a una cultura completamente diferente, buscando empleo y estableciendo nuevas raíces.
El incremento de las operaciones de ICE ha generado miedo en las comunidades de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos. Las familias de estatus mixto viven con la constante preocupación de que una salida rutina al trabajo pueda convertirse en una deportación inmediata.
Para Janie, ver nuevamente a su esposo tras la deportación fue un momento agridulce. «Tenía lágrimas de felicidad cuando volví a verlo», cuenta, aunque la alegría del reencuentro vino acompañada del dolor de haber dejado atrás su vida en Estados Unidos.
Ahora, estas familias están construyendo lo que algunas llaman «el sueño mexicano»: una nueva vida al sur de la frontera, donde pueden permanecer juntas a pesar de las políticas migratorias estadounidenses.
Fuente: https://www.bbc.com/mundo/articles/cvg8yzyemzvo?at_medium=RSS&at_campaign=rss